14 de febrero de 2021

Marmalade Boy: Feliz cumpleaños. Yuu me está mirando

Un año más, Marmalade Boy regresa en forma de recapitulación para entreteneros y haceros reflexionar sobre vuestra fútil existencia. ¿Creéis que celebrar el día de San Valentín leyendo esta entrada es deprimente? Pensad que yo la he escrito.

En el episodio anterior, Miki se desmayó en el cuarto de baño después de pasarse dos horas respirando vaho. Pero, por suerte, no estaba sola en casa. Yuu derribó la puerta con sus hercúleos brazos de espagueti recocido y la llevó a la cama, donde poco a poco recobró la consciencia. ¿Su reacción? Darle un sopapo brugueresco a su salvador.

Y ese es el punto en el que nos quedamos hace exactamente un año. Quizá os parezca que dejó pasar demasiado tiempo entre episodio y episodio, pero lo importante es la constancia y que mis ganas de inmolarme no alcancen su cénit.

Miki se da cuenta de que su reacción no ha sido, lo que se dice, muy apropiada y se queda mirando su mano de abofetear en estado de shock. Cualquiera que no hubiera visto lo que ha pasado hace unos instantes pensaría que acaba de pulsar el botón del día del Juicio Final y condenado a la humanidad a su extinción, pero no, simplemente ha tenido un reflejo imbécil. Hacer de la vida un drama es su pasión.

Yuu, flemático, le dice que si puede pegar semejantes tortazos, ya se encuentra bien, y se larga de la habitación.

El ruido que hace la puerta la cerrarse resuena exageradamente en la cabeza de Miki, con un eco infausto. Jamás se ha escrito tragedia más grande que esta ni podrá escribirse nunca. Muérete de envidia, Shakespeare. Muérete más, quiero decir.

"¿Cómo puede una sola mano causar tanto daño? ¿En qué clase de monstruo me he convertido?".

A la mañana siguiente, Miki vuelca sus sentimientos en su diario, inventando dramas.

"¿Qué hago? ¡No podré mirarle a la cara!".

No es por meterme donde no me llaman, pero se me ocurre, así, en plan loco, que podría pedirle perdón a Yuu, quitarle hierro al asunto y desayunar tranquilamente. Pero, claro, ¿qué sé yo de sentimientos o de desayunos?

Lo que sucede, en cambio, es que Miki baja al comedor para servirse un vaso de lo que podría ser, o bien zumo de tomate, o bien sangre de infantes sacrificados al dios-monstruo Kachan, y, cuando Yuu la saluda con total normalidad, se queda callada como una tumba y le aparta la mirada. La muy idiota ni siquiera le contesta cuando le dice que le va a preparar un desayuno "estupendo, uno digno de una princesa" para que alegre esa cara de panoli que tiene.

"Yuu no ha dicho nada de lo que pasó", se dice Miki a sí misma, mientras Yuu fríe un huevo. "Quizá es que no quiere hacer que me sienta mal. Pero es que todavía estoy fatal".

Sé que es difícil contenerse, pero no os deis cabezazos contra la pared. Vais a molestar a los vecinos. Además, el propio episodio se da cuenta de esta trama absurda no da más de sí y decide pasar página.

Suena el teléfono y Miki lo coge. Es la madre de Yuu, que le dice que por favor felicite el cumpleaños a su hijo de su parte.

Oh, oh, me temo que se avecina un nuevo conflicto superfluo con dosis desmesuradas de drama juvenil.

"No sé quién es usted ni sé lo que quiere. Si espera cobrar un rescate, le aviso de que no tengo dinero. Pero lo que sí tengo es una serie de habilidades concretas. Habilidades que he adquirido en mi vida profesional. Habilidades que pueden ser una pesadilla para gente como usted".

Miki, "naturalmente", se enfada porque: 1) Yuu debería haberle dicho que era su cumpleaños, y 2) ningún padre debería irse de viaje coincidiendo con el cumpleaños de su hijo.

Yuu, por el contrario, no le da importancia al tema, porque: 1) no tiene la mentalidad de un niño de diez años, y 2) no hay ningún parásito ilícido, devorador de intelectos, residiendo en su cabeza.

Pero Miki no da su brazo a torcer. Alguien tiene que mantener viva la pregunta de si puede el cuerpo humano funcionar sin cerebro.

"Sería estúpido dejar pasar este día como si fuera otro más", declara.

Miki decide, pues, que esta noche celebrarán el cumpleaños de Yuu. Y punto, no hay más que hablar.

Desde aquí quiero darle las gracias a todas las personas que dan importancia a los cumpleaños. Gracias por hacer del mundo un lugar mejor en el que una convención social sin mérito alguno sirve de excusa para elevar inmerecidamente la autoestima y fomentar el consumismo.

Miki es consciente de que lo suyo no es cocinar y toma la sabia decisión de comprar platos precocinados. Apuesto a que os morís de ganas por acompañarla en esta gran aventura. Tampoco es que tengáis opción. Ya habéis leído hasta aquí y sé que no podéis parar.

Sé que ver a Miki haciendo la compra en el supermercado puede parecer aburrido y una pérdida de tiempo. No os engañéis: lo es. Sin embargo, también tiene su parte buena; a partir ahora, gracias a este episodio, ¡podréis celebrar un cumpleaños igual que el de Yuu para vuestra media naranja! Sacad una agenda y tomad nota, esto es lo que tenéis que comprar:

  • Sándwiches (del japonés sandoishichi).
  • 300 gramos de pollo frito.
  • Ensalada de patata.
  • Pastel preparado.

Sí, suena espantoso. No sé por qué pensé que esta era la parte buena.

Miki lee en el envase del postre que "cualquiera puede hacer un buen pastel" (el fabricante conoce el perfil de su cliente) y, en una de sus habituales ensoñaciones en Mermeladavision®, se imagina a sí misma recibiendo las alabanzas de Yuu.

"¡Genial! Miki, te has superado", le dice la ilusión.

¿Acaso puede aspirar a algo más que agradar a Yuu?

Puede que lo haya dicho ya antes, pero cada año que pasa estoy más convencido de que ninguna otra serie de televisión ha hecho tanto por la mujer como Marmalade Boy. Con ella comenzó la verdadera lucha por la igualdad de género. No con las líderes sufragistas de principios del siglo XX, ni con escritoras como Virginia Woolf o Betty Friedan, sino con estos surrealistas dibujos animados copiados de un tebeo dirigido al público femenino adolescente sin un criterio formado (o sea, adolescente).

Recordad que lo importante no son las prioridades en sí, sino tenerlas claras.

Mientras tanto, en otro punto de la ciudad, Arimi Suzuki se acerca a la tienda en la que trabaja Yuu para felicitarle por su cumpleaños. Ella misma nos aclara que no va a darle ningún regalo, porque eso sería "demasiado".

¿Demasiado QUÉ? Me gustaría que lo concretase para entender por qué un regalo de cumpleaños es "demasiado", pero, por alguna razón, fingir una relación amorosa con otro tío para provocarle celos y que Yuu vuelva a salir con ella no lo es.

Nah. Miento. Me importa un carajo.

En la tienda, el tipo con chaqueta de cuero y que nunca se quita las gafas de sol (no me acuerdo del nombre y me da pereza buscarlo) le dice que Yuu se ha tomado unos días libres para no dejar a Miki sola en casa mientras sus padres están de viaje.

"Entonces... ¿esos dos están completamente solos?", piensa Arimi.

Sí, solos y haciendo el amor a todas horas. Como conejos. ¿Qué otra cosa podría estar pasando? Es la única conclusión posible.

Sin despedirse ni dar las gracias, Arimi sale escopetada de la tienda y se mete en una cabina para llamar por teléfono. Los lectores más jóvenes quizá necesitéis un momento para buscar en internet qué es una cabina telefónica. Yo guardo un vago recuerdo de ellas. ¿No era donde Superman se cambiaba de ropa antes de 1978?

La escena se interrumpe antes de que averigüemos a quién llama Arimi o con qué oscuro propósito. ¿Qué tramará la diablesa del pelo turquesa? Nada bueno, eso seguro.

¡Dun-dun-dun!

Con esta cara ya os adelanto que no se puede tramar nada que no culmine con un duelo a muerte en un puente tendido sobre el cráter de un volcán activo. O al menos eso espero.

En casa de los Koishikawa-Matsuura, Miki cocina la cena. Eso sí, en este contexto, el verbo "cocinar" debe entenderse en sentido amplio, porque lo que hace exactamente es calentar los muslos de pollo precocinados en el microondas y colocarlos en un plato. Pero a su favor diré que los coloca con mucho mimo. Y lo mismo con los sándwiches. ¡Y la ensalada de patata incluso tiene su propio cuenco! Se están rifando tres estrellas Michelin y Miki tiene todas las papeletas.

"Al final parece que no me ha quedado nada mal", dice.

No hagamos sangre. Hay mucha gente orgullosa sin motivo.

El único plato que exige por su parte un corpúsculo subatómico de habilidad culinaria es el postre. Y, por supuesto, la caga, porque, en lugar de apagar el horno y esperar a que se enfríe el pastel, lo abre de golpe. El glorioso dulce, afectado por el brusco cambio de temperatura, colapsa en sí mismo, trocando la cara de triunfo de Miki en una de profunda de decepción.

Je, je, je, je, je... JA, JA, JA, JA, JA... ¡MWAHAHAHAHAHA!

Reírme de la desgracia ajena nunca me ha sentado mejor.

Metáfora de mi vida cada 14 de febrero.

Pese a todo, y a diferencia del postre, Miki no se desmorona, sino que arremanga y arregla el desastre con mucho tino. Más o menos. Recubre el bizcocho chuchurrío con una capa de nata montada para ocultar sus imperfecciones, lo adorna con un círculo de pegotes de nata rosa sin pretensiones y, para rematar la faena, escribe en el centro del pastel "Happy birthday", en inglés, con buena caligrafía y sin faltas de ortografía. Contra todo pronóstico, el resultado da el pego. Y al menos esta vez no ha estado a punto de quemar la casa.

Yuu, que estaba muy ocupado escuchando música en su walkman, se acerca a la cocina al oír los gritos de celebración de Miki. Ella, muy seria, le cierra el paso y le dice que no puede ver nada hasta que esté todo listo. Él se fija en que Miki tiene algunos pegotes de nata en la cara y le pasa un dedo por uno de ellos para llevárselo a la boca. Este gesto romántico inesperado, incluso sutilmente erótico, desarma a Miki y la deja sin palabras. En cuanto Yuu se marcha, se pone colorada. ¡Y no es para menos!

Creo.

No estoy seguro.

Por suerte, tuve la acertada idea de recabar la opinión de dos mujeres. Primero mostré la escena a una amiga que conoce bien la serie. Me dijo que sentía náuseas. Sin embargo, no estoy seguro de si esa sensación se debía a su embarazo (¡enhorabuena!) o se le había provocado la escena en sí. Probablemente le daba vergüenza reconocer que había sido el momento más erótico que había experimentado desde la concepción de la criatura.

Luego también le enseñé la escena a la señora loca andrajosa que vive en el portal de una sucursal bancaria que hay cerca de mi casa. Por toda respuesta, me arrojó una lata de melocotón en almíbar.

No he sacado gran cosa en claro.

"Mmmm... Sabe a incompetencia y melodrama".

Miki deja la mesa preparada y le dice a Yuu que no baje al comedor hasta dentro de diez minutos. Para cuando empiecen a cenar, ese pollo frito va a estar más frío que el día que lo desplumaron.

Como quiera que sea, esos diez minutos son los que Miki necesita para arreglarse. Es una "fiesta solo para nosotros dos", dice ella. Además, la ocasión ¿lo merece? Perdón, esos signos de interrogación se han escrito solos.

Miki se pone un vestido que le robó a la muñeca de una tienda de antigüedades, se pinta los labios (esos rebordes invisibles de la minúscula fisura que representa su boca, tan inapreciables que podríamos debatir sobre su existencia) y se echa colonia.

"Yuu, ¿te darás cuenta?", se pregunta a sí misma.

Y con esto queda zanjado el debate de por qué se arreglan las mujeres: para sus hombres. Cuántas valiosas lecciones estamos aprendiendo. ¡Viva el empoderamiento femenino!

¿Queréis conocer el peor nombre de gánster posible? Miki Labios Pintados.

Cuando Yuu sale de su habitación, se sorprende al ver que todas las luces de la planta baja están apagadas. ¿Habrá entrado un asesino en la casa? Ojalá, pero no. En el comedor, Miki espera sentada a la luz de las velas. Oh là là.

Miki no pronuncia una sola palabra ni mira a Yuu siquiera, sino que mantiene la cabeza inclinada, con la vista baja, y las manos colocadas sobre el regazo, en una pose de recato impostado que incurre en un manierismo autocomplaciente y bochornoso.

Traduzco: la chica parece incluso un poco más gilipollas que de costumbre.

Tiene más pose que el teatro del Barroco.

Yuu comenta que la cena tiene "buena pinta" y, aunque Miki se lamenta de que el pastel le haya salido canijo, él le dice que ha hecho todo "muy bien".

Mi medidor de paternalismo ha reventado al pasar de 9.000 unidades. ¿Alguien puede decirme cuánto marca el suyo?

"La luz de las velas es preciosa, ¿verdad?", comenta Miki. "Parece que nos absorbiera".

"Sí", responde Yuu.

Sin embargo, Yuu no mira a las velas. Yuu la mira a ella desde el otro lado de la mesa, fijamente.

El corazón de Miki empieza a latir con más fuerza y retumba en sus oídos. También lo hace en los nuestros, sobre todo si hemos tenido la estúpida idea de ponernos auriculares. Tranquis, no es una sensación mucho más desagradable que dejarse perforar el tímpano con un punzón.

"¿Por qué? ¿Por qué?", piensa Miki, alterada. "¿Por qué no mira a las velas? ¡Me mira a mí!".

A ver, chica, son solo unas velas. No se va a quedar mirando la ensalada de patata o el pollo frito, que a estas alturas debe de estar más frío que el escroto de un oso polar. Además, en algún momento había que traer a colación el título del episodio. Feliz cumpleaños. Yuu te está mirando.

Miki, azorada, se incorpora de golpe y dice que se había olvidado del regalo, qué tonta. Pero esto no funciona como ella pensaba. Yuu también se levanta y coge a Miki de la mano. Los latidos de Miki se aceleran. Su cardiólogo se frota las manos.

"Ya tengo suficiente", dice Yuu con voz amable. "Este es el mejor regalo".

Puagh. Me alegro de no ser yo el que está cenando.

Yuu atrae a Miki hacia sí. Sus rostros se aproximan poco a poco hacia lo que parece un beso inevitable. Y entonces... suena el timbre.

Dios es Cristo, espero que sea un telegrama musical.

No andan, los empujan sobre rieles.

Miki, que no se molesta en disimular su cabreo, enciende las luces y camina dando pisotones hasta la puerta, con los puños muy apretados. Si la chica midiera cincuenta metros, este sería el momento en el que los tokiotas huirían despavoridos y el ejército entraría en la ciudad.

Nada más abrir la puerta, una trompeta de serpentina y confeti le estalla en la cara.

"¡Feliz cumpleaños, Yuu!", exclama Arimi con alegría.

Pues vaya chasco. Por un momento, pensé que Arimi iba a contratar a la Yakuza para secuestrar a Miki y mantenerla cautiva, bajo una extrema tortura física y psicológica, a las afueras de la ciudad hasta el regreso de sus padres. Pero resulta que su plan consistía simplemente en presentarse sin avisar con la excusa de felicitar a Yuu por su cumpleaños. Espero que entendáis mi decepción.

Ginta la acompaña, claramente a disgusto.

He visto más entusiasmo en niños dickensianos haciendo cola en el comedor del hospicio para que les sirvan una cucharada de gachas.

Aunque no formaba parte del plan, Yuu no tiene inconveniente en que los recién llegados se queden a cenar, porque Miki, qué boba ella, se ha pasado haciendo comida, y es imposible que sus raquíticos cuerpos de fregona soporten semejante ingesta sin sufrir monstruosas malformaciones. ¿Habéis visto La cosa, de John Carpenter? Pues esto sería como la escena de la perrera, pero cien veces más desagradable.

"¿Y vuestros padres?", pregunta Arimi, haciéndose la inocente.

Yuu, con total normalidad, le responde que sus padres (los cuatro) están de viaje. Esto demuestra que, pese a convivir con la presidenta de los anormales, Yuu sigue siendo el personaje más equilibrado de la serie.

En cambio, no se puede decir lo mismo de Ginta, que, al oír su respuesta, se escandaliza.

"¡¿C-cómo?! ¡¿Entonces estáis los dos solos en la casa?!", exclama.

"¡Hala, qué pasada!", añade Arimi.

Por favor, dejad un comentario más abajo si entendéis qué tiene de "pasada" esta situación y ayudadme a entenderlo.

Miki, sonrojada, le dice a Arimi: "Oye, guapa, no pienses cosas raras", pero cuando va a añadir que ellos no han hecho nada indecoroso (esta palabra la he elegido yo, ella la desconoce), le vienen flashes de la escena en la que se despertó en la cama, cubierta solo con una toalla, y también del reciente beso interrumpido, y enmudece, agachando la cabeza.

Por supuesto, quien calla, otorga, y Arimi y Ginta interpretan su silencio de la única manera posible: Miki y Yuu fueron los verdaderos responsables del famoso incendio de las instalaciones de producción de piezas de motor de Toyota, ocurrido el 1 de febrero de 1997. Ahora todo encaja.

El azoramiento.

Ginta, que ya llevaba mucho tiempo sin dar rienda suelta a sus impulsos atávicos, agarra a Yuu por el brazo y lo arrastra por el pasillo para hablar con él a solas. O matarlo. Una de dos. Espero que la segunda.

Arimi, preocupada por lo que pueda pasar, se dice para sus adentros: "Ay, no sé, quizá debería haberle dicho a Ginta que estaban solos".

¿Tú crees, Arimi? ¿TÚ CREES?

Ginta empotra a Yuu contra una pared y lo sujeta firmemente por los hombros para que no se mueva. Si yo fuera gay, quizá ahora mismo estaría moderadamente excitado y no, ¿cuál es la palabra que busco?, ¡ah, sí!, muerto por dentro y al borde del suicidio intelectual.

"¡Oye, tú!, no le habrás hecho nada a Miki, ¿verdad?", le grita Ginta a la cara.

"Pues claro que no le he hecho nada", responde el aludido. 

Ginta amenaza con tomar acciones inespecíficas contra Yuu como le haga "algo raro" a Miki. Yuu sonríe y se aprovecha el excesivo pudor de su rival para confundirlo, insistiéndole en que concrete a qué se refiere con "algo raro". El truco funciona y Ginta recula.

Por favor, no olvidéis que estamos viendo dibujos animados y que no a todos los psicópatas homicidas que sufren un trastorno afectivo se les puede torear tan fácilmente.

Si quieres jugar duro, ¡empótralo contra el muro!

Mientras tanto, las chicas, que aún no se han movido de el vestíbulo, se dan la espalda la una a la otra en absoluto silencio, todo muy espontáneo y natural.

"Menos mal que he venido", piensa Arimi, sumida en una marisma púrpura que la aísla mágicamente del resto del universo. "Si llego a aparecer un poco más tarde, hubiera podido pasar algo entre ellos dos. Así quizá aún podamos estropear su relación".

Menuda hija de p*** estás tú hecha. Soy tu fan número uno.

Es tan mala que tendría que referirme a ella en francés.

Miki se da la vuelta y, haciendo de tripas corazón, le pregunta a Arimi si había quedado con Ginta. Esta, que es bien zorruca, aprovecha para soltarle una retahíla de embustes con la intensidad de mil explosiones atómicas:

"¡Hemos estado juntos todo el día! ¡Hemos ido a almorzar! ¡Visto tiendas! ¡Nos hemos parado a charlar en una cafetería! ¡¡Nos lo hemos pasado bomba!!".

Por la razón que sea (celos u otros absurdos sentimientos humanos de los que los siervos cultistas de Kachan por suerte nos hemos desprendido), esas declaraciones perturban a Miki, cuya mente se sumerge en una espiral de inseguridad ondulante.

Hola, llevo 8 kg de cocaína encima.

El timbre suena y Miki, mosqueada, abre la puerta. 

Los chicos regresan al vestíbulo en ese preciso instante, justo a tiempo de sorprenderse con la inesperada visita de Tsutomu Rokutanda. Pensaba que hoy se celebraba el cumpleaños de Yuu, no el día del espontáneo.

"Tsutomu, ¿se puede saber qué haces tú aquí?", pregunta Ginta a su primo.

Rokutanda les cuenta, sin tapujos, que vio a Arimi y Ginta cogiendo el metro y, bueno, aunque él en realidad no quería seguirlos, sí que los siguió a escondidas hasta la casa, porque el respeto a la intimidad es un artículo que no trabaja. Su curiosidad ni siquiera quedó satisfecha en ese punto, sino que se asomó por una de las ventanas que dan al patio, y al ver que habían montado una fiesta, decidió presentarse sin más. No contento con esto, les echa en cara que no lo hubiesen invitado sabiendo de su obsesión compulsiva por ir siempre detrás de Arimi.

Nada es lo suficientemente absurdo o extraño en esta serie. Marmalade Boy se mea en La Dimensión Desconocida.

Las normas sociales no están hechas para las personas con el pelo de color remolacha.

Miki se traga su rabia homicida y reúne a todos en el comedor para cenar.

Ginta sufre en silencio al ver los suculentos manjares que ha preparado su "ex" para Yuu: los sándwiches refrigerados, el pollo frito precocinado, la ensalada de patata con un 73% de riesgo de salmonella, el pastel con disfunción eréctil... Es un hombre que siempre ha mantenido bajas sus expectativas.

Al llegar al postre, Rokutanda se entera de que Miki y Yuu viven juntos, y, en un arrebato de entusiasmo, está a punto de soltar que si están liados; pero, antes de que termine la frase, es bloqueado por un ataque sorpresa combinado de Ginta y Arimi.

La realidad no se va a negar sola. Hay que negarla.

Qué sufrido es ser el alivio cómico.

Miki, resignada a hacer de anfitriona, intenta poner un poco de paz y les recuerda que están celebrando una ocasión especial y deberían pasárselo todos bien, no discutir sobre quién deja o no de mantener una relación cuasiincestuosa con un conviviente.

"¿Qué os parece si jugamos a las cartas?", sugiere para salir del paso.

Buena idea, Miki. Es lo que siempre decía mi abuela: nada como una partida de strip poker para rebajar la tensión sexual. ¿O era de chinchón?

Miki sube a su dormitorio a por las cartas y no se da cuenta de que, mientras ella registra los cajones hablando sola como cualquier persona anormal, Ginta entra sigilosamente en la habitación y cierra la puerta tras él. ¿Qué maníaco sexual que se precie no haría lo mismo?

"Este es el cuarto de Miki", dice, como si ella ni siquiera estuviera allí. "Es mucho más femenino de lo que pensaba".

Os juro que si ahora mismo el tío se acercase al tocador y cogiera el lápiz de labios de Miki para pintarse con él, no me sorprendería en lo más mínimo. Lo que me sorprendería es que acertara a pintarse los labios con el desequilibrio mental que lleva encima.

Miki, estupefacta, se vuelve hacia Ginta y se pone colorada

Para dotar de mayor emoción a la escena, el estudio encargó el dibujo a un panda borracho.

Reprendiéndole por esta injustificable invasión de su intimidad, Miki empuja a Ginta fuera del dormitorio y sale con él al pasillo. Como la pobre no tiene sentido común ni instinto de supervivencia, no se molesta en encender las luces, así que ahora ambos están solos y a oscuras (decid sí al miedo, no al despilfarro energético).

"No entres jamás sin mi permiso, ¿entiendes?".

Miki apoya la espalda contra la puerta de su cuarto. No tengo claro si el gesto simboliza la protección de su inocencia o el padecimiento de una lumbalgia crónica.

"Yuu sí que ha entrado a tu habitación, ¿verdad?", pregunta Ginta. A saco.

La música se intensifica y crea una falsa sensación de drama que la animación barata de la serie no conseguiría nunca por sí sola.

"Vive en esta casa", contesta Miki con timidez. "Es posible que alguna vez lo haya hecho, pero...".

Los puntos suspensivos flotan en el aire y la tensión va en aumento.

*Sonido de pedo*

"Miki, llevas perfume", dice Ginta con la voz entrecortada.

"PERDONE USTED QUE NO QUIERA OLER COMO UNA CAVERNÍCOLA RECIÉN SALIDA DE LA SAUNA CUANDO PREPARO UNA CENA ROMÁNTICA". 

Eso es lo que yo contestaría en esta situación, pero obviamente no es lo que responde Miki. Ella no es capaz de conciliar sus sentimientos contradictorios, así que solo dice estupideces. Por ejemplo, esta:

"No es perfume, es una colonia que me dio Chiyako".

Tengo treinta y siete años, resumo episodios de Marmalade Boy en internet y no sé cuál es la diferencia entre colonia y perfume. Creo que he encontrado la descripción definitiva para mi perfil de Tinder.

"¿Te lo has puesto por él?", pregunta Ginta.

Ni siquiera Batman es inmune al terror.

Me gustaría saber cuántas alarmas más necesita oír Miki antes de comprar espray de pimienta y pedir una orden de alejamiento. En serio, no puedo ser el único que vea esta serie y piense que Ginta levanta más red flags que la vieja Unión Soviética en la Plaza Roja de Moscú el 1 de mayo.

Sin esperar siquiera una respuesta, y convirtiendo mi narración en una tentativa frustrada de reírme de una serie romántica para doceañeras, Ginta agarra a Miki e intenta apartarla de la puerta. Ella se resiste y se desembaraza de él.

"Si quieres ver uno, dile a Arimi que te enseñe el suyo", le dice.

Espero que se refiera al dormitorio.

Ginta confiesa que entre Arimi y él no hay nada, y suelta el ultimátum que pone fin a todos los ultimátums:

"Si me dices que no vuelva a verla, lo haré encantado. Si me escoges a mí, te prometo que no volveré a ver jamás a Arimi. Pero si lo prefieres a él, renunciaré a ti y creo que saldré con ella".

"OH, NO. QUÉ DILEMA. AHORA TENDRÉ QUE ELEGIR ENTRE EL CHICO DULCE QUE ME PONE COMO UNA MOTO Y EL POTENCIAL ASESINO DE MUJERES. QUÉ TERRIBLE DISYUNTIVA". 

Tampoco es eso lo que contesta Miki. De hecho, aquí acaba el episodio.

Esto solo puede acabar de una forma: con la policía buscando los pedazos de Miki o Arimi en varios contenedores distintos.

Los cliffhangers de esta serie son insuperables. Apenas puedo esperar 365 días para ver el siguiente episodio y comprobar que este conflicto sigue sin resolverse.

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27 comentarios

  1. Me parece fatal cómo criticas la obra sin ponerla en el contexto histórico en el que se creó, el Japón casi actual, el país más machista y acomplejado del mundo (con permiso de Corea la Mala).

    A mi me parece que refleja a la perfección los tres arquetipos masculinos de la época: el guay-idiota, el inseguro-idiota y el idiota-idiota; así como los tres femeninos: la buena-idiota, la mala-idiota y la ciborg ninfómana hipersexualizada.

    En cualquier caso lo importante es el mensaje que deja de que todo es posible si se tiene fé y hay amor.Y al final de la serie vemos - OJO ALERONES -

    - Que Rokutanda muere solo.
    - Que Ginta y Arimi son felices en la más tóxica de las relaciones.
    - Que la amiga de Miki se casa con su profesor en una preciosa capilla del módulo de pederastas de Alcalá-Meiko.
    - Que Yuu y Miki terminan juntos y tienen muchos bebés con cola de cerdo.

    Todo super bonito.

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    1. ✓✓✓✓ tal cual



      Miles de 14/02 seguidos para que nos haga TODA la serie plis

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    2. Cuántos detalles he pasado por alto. Mil disculpas.

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  2. - Te has puesto perfume.
    - No, es el olor que se te queda tras tirarte 12 fo***ndo sin parar.

    Y oye, adiós acosador. Y como se lo contaría a la pelandrusca, otra menos en la ecuación.

    Qué sencillito sería y con una sola frase. Y recordemos que pese acosador, a quien "empotra" contra una pared es a Yuu y el detalle con ella es decir que tiene un cuarto más femenino de lo que se esperaba, dando a entender que le gustan los machorros.

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  3. ¿Leer una nueva entrada de Marmalade boy por El tipo de la Brocha deprimente? Si es exactamente la única razón genuina para esperar los 14 de febreros. Si el que tengas que echarte estos episodios de oligofrénicos por hacer una entrada para nuestro entretenimiento no es amor del bueno, que baje Cupido y lo vea.

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    1. Eso, eso, que baje el tal Cupido, que aquí le espero. Arremangado.

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  4. Es imposible no adorarte... Planazo de San Valentín ��

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  5. Durante la pandemia y la cuarentena pensaba que al menos llegaría este día, por muchos más 14 de febrero leyéndote
    ¡Feliz día del suplicio!
    Gracias por aguantarnos
    °∆°

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    1. Con o sin pandemia, habría estado feo romper la costumbre. Gracias por estar ahí.

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  6. Feliz día:) A mí de año en año también se me olvida quién era toda esa gente... Pero no se me puede olvidar leerte porque es genial. Me perdí el recorrido por la mansión, que hice unos días después por mi cuenta (y también hubiera sido un desastre, pero lo que nunca se me olvida es Marmalade Brocha, antes lo leía sola y ahora le lo leo entre risas a mi novio que pone cara de circunstancias mientras intenta seguir la peli que tenemos puesta. Gracias por seguir la tradición y por la paciencia...

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    1. ¿Estás utilizando esta serie como referencia para construir tu relación? Eso es importante.

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  7. Hace casi un año encontré tu blog (cosas del aburrimiento pandémico) y a la fecha he leido casi todos los artículos (no llores por mi falta de pasatiempos) pero los que concluí primero fueron los de Marmalade Boy, y estos meses de espera por una nueva reseña se hicieron demasiado largos, pero carajo, el día llegó.
    ¿Qué mas se puede decir? Nos vemos el próximo 14 de febrero y saludos desde Perú.

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    1. Que la pandemia te haya arrastrado hasta aquí... Qué horror. Lo siento de corazón.

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  8. No soy muy de celebrar San Valentin , y este año mucho menos (los putos ERTES que no llegan y no hay money para nada) pero sabiendo que la entrada anual de Marmalade Boy estaba al caer, se le levanta el ánimo a uno. He flipado al comprobar que efectivamente son 10 años ya leyendo estas entradas. Y lo peor, 10 años tu buscando la fuerza moral y mental para escribirlas. Genial como siempre. Un abrazo y feliz San Valentín, TDLB.

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    1. Lamento tu situación y me alegro de haber podido aportar un poco de alegría con esta chorrada. Muchas gracias.

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  9. Como todos los años, ya ni recuerdo desde cuando, vengo aquí a comentar que he llorado de la risa. Y vengo a volver a pedir, creo que lo hago todos los años, que ya que estas ¿por qué no haces lo mismo con todos los capitulos? Total uno a semana o algo así...

    Gracias, Brochaman!

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    1. Por salud mental, hijo. Por salud mental...

      Y de nada. Gracias a ti.

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  10. Me encantan estas reseñas, pero me entra vértigo al pensar que para acabar de recapitular esta serie tendremos que esperar al año 2086, George R.R Martin te tiene un poco de envidia.

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    1. No me pongáis fechas, que a lo mejor vivo mucho y me deprimo.

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  11. No sabes lo que echaba de menos tus imágenes con sus hilarantes pies de foto!

    No me hagas mucho caso por qué no soy muy bueno con los temas sociales, pero Miki no está bien de la cabeza, verdad? Bueno, el resto de personajes no andan muy allá tampoco, a lo mejor en un día bueno salvaría a Yuu.

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    1. No sé si lo habrás visto, pero entre foto y foto también hay texto. Son bloques enormes de manchitas perfectamente alineadas. ¡Te sorprendería lo que escribo en ellos!

      Miki no está bien de la cabeza. Nunca lo estuvo. ¿Pero quién puede presumir de estarlo?

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  12. Para los más masoquistas recomiendo la lectura de Marmalade Boy Little, la secuela de la serie, la pareja protagonista son los hijos que tienen los padres de Miki y Yuu. Criados como hermanos, cada uno es medio hermano de Miki y Yuu pero no son hermanos entre ellos.

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    1. Había leído que los protas eran los hijos que tienen Miki y Yuu y casi me da esguince cerebral al leer la siguiente frase XD

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    2. Me ha pasado exactamente lo mismo que a Aco, y eso que ya me habían hablado de la secuela. ¿Por qué no sabemos leer?

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  13. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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