29 de octubre de 2021

Spider-Man y sus amigos: La novia de Drácula

Marvel Comics Animation presenta... "¡Las aventuras del sorprendente Hombre-Araña y sus increíbles amigos, el Hombre de Hielo y Estrella de Fuego!".

Con esta frase comenzaban TODOS los santos capítulos de Spider-Man y sus amigos, la popular serie de dibujos animados de principios de los ochenta. Lo de que era popular me lo he inventado, no tengo cifras que lo avalen; pero tened las narices de contradecirme. Venga, estoy esperando.

Sea como fuere, para algunos de nosotros, los que peinamos canas (si es que nos queda algún pelo que peinar), esta serie fue nuestro primer acercamiento al universo superheroico de Marvel en la pequeña pantalla.

Pero si no eráis unos críos cuando la serie empezó a emitirse y la veis ahora por primera vez, os puede resultar difícil comprender que nos pareciera buena, el no va más incluso. Una producción de bajo presupuesto como esta, con una animación mediocre y unos guiones tontísimos, desde luego no se puede comparar en calidad ni escala con el apabullante universo audiovisual que ha ido desarrollando Marvel en el cine y la televisión desde principios de los 2000 (ni siquiera con las producciones de los noventa, década en la que se estrenaron también algunas series memorables... y otras a las que no les pondría un plato en la mesa). Sin embargo, en aquel momento teníamos poco donde escoger, y Spider-Man y sus amigos era mucho mejor alternativa que aquellas series viejunas del Capitán América y los Cuatro Fantásticos que reproducían las viñetas de los tebeos de forma casi estática y que dudosamente podían calificarse de animadas.

El episodio que comentaré hoy, el segundo del que hablo tras un pequeño paréntesis de once años (el tiempo pasa volando, a mí no me miréis), se titula La novia de Drácula y se emitió por primera vez el sábado 24 de septiembre de 1983 en la NBC. Eso en los Estados Unidos. En España... ni idea, no me he documentado (en los comentarios, Jose propone el año 1988 o 1989, y me parece una aproximación tan buena como cualquier otra).

Ah, por si no lo habíais deducido por vosotros mismos, este el especial de Halloween del blog. Qué miedo, ¿eh?

Es de noche en Nueva York y los estudiantes de la Empire State University celebran el baile de primavera meneando las caderas al ritmo de una versión pobre, casi diría que agonizante, de la música disco que convirtió a John Travolta en un icono en la década de 1970.

Peter Parker y Bobby Drake discuten sobre quién será el primero de ellos en sacar a bailar a su amiga y compañera de piso (y de aventuras superheroricas) Angelica Jones. La afortunada pareja de estos muchachos podría haber sido, sin embargo, Johnny Storm, porque recordemos que Angelica, alias Estrella de Fuego, fue creada específicamente para la serie al estar pillados los derechos sobre la Antorcha Humana por Universal Studios (para un piloto de televisión con actores de carne y hueso que nunca se produjo). Además, con tres maromos por protagonistas, aquello habría parecido un festival de salchichas. Hasta Los Superamigos contaban con féminas entre sus filas y son la clase de tíos que llevan los calzoncillos por fuera incluso cuando están en público.

Tampoco es que el reemplazo exigiese mucho esfuerzo a los creadores de la serie. Los poderes de Estrella de Fuego son básicamente los mismos que los de la Antorcha Humana y, sin sus leotardos amarillos, Angelica es clavadita a la Mary Jane Watson de John Romita. Este parecido ni siquiera es casual, ya que el propio Romita diseñó a la nueva superheroína. Los grandes artistas también tiene derecho a ser perezosos.

-Estás despampanante con ese vestido, M.J.
-Soy Angelica.
-No me rompas la ilusión.

En cuanto a Peter y Bobby, se les ve muy crispados para ser de dos amigos que combaten juntos contra la injusticia todos los sábados por la mañana. Y, que yo sepa, ninguno está coladito por Angelica. Que discutan por bailar con ella es aún más extraño si tenemos en cuenta que uno de ellos es gay, y no es el que lleva mallas ajustadas debajo del traje. Pero, claro, en los años ochenta, al joven Hombre de Hielo estaba tan dentro del armario que aquello parecía una cámara frigorífica. Aún le quedaban más de treinta años y una versión alternativa de sí mismo venida del pasado para reconocer su orientación sexual, como se vio en La Nueva Patrulla-X Vol. 1 #40.

¿Recuerda alguien si los pesados de siempre dieron el mismo por culo con esta salida del armario que el que llevan dando desde hace un par de semanas con la revelación de que el hijo de Superman es bisexual? Yo no. Pero son la clase de comentarios que envejecen igual de bien que esta serie.

Primera página, tercera viñeta, del primer número de la Patrulla-X. Algo podríamos habernos olido.

Cuando los contendientes por fin deciden delegar la decisión en la persona a la que deberían haber preguntado desde el principio, descubren que Angelica les ha dejado tirados. ¿Dónde narices se ha metido? Un movimiento de cámara nos revela que la chica está bailando con un morenazo bien plantado, vestido con un impecable esmoquin negro y que no aparenta ni un año menos de treinta.

"¿De dónde eres? Nunca te había visto en la universidad", dice Angelica.

A juzgar por su aspecto y la tendencia a cortejar a mujeres mucho más jóvenes que él, el hombre podría ser James Bond, pero su acento de Europa del Este lo delata como Drácula. Reconozco que el título del episodio también me ha llevado a esa conclusión.

"Vengo desde muy lejos", contesta el desconocido. "Pero al haber encontrado una mujer tan linda sé que mereció la pena el viaje".

Angelica se derrite ante esta muestra de galantería pasada de época. Una pareja aleatoria patina en el suelo. Va a haber que llamar al bedel para que pase la fregona.

Señor, ha llamado Timothy Dalton. Dice que le devuelva su cara.

Cuando la pareja pasa junto a Peter y Bobby, el sentido arácnido del Hombre-Araña cosquillea o, como dice el personaje, "mis sensores arácnidos detectan extrañas vibraciones". A eso le llamo yo sentido común. Lo menos malo que puede pasar esta noche es que Drácula le haya echado alcohol al ponche.

El sentido arácnido no respeta la intimidad de nadie, así que, cuando la pareja de tortolos sale al jardín, los suspicaces Peter y Bobby también lo hacen. Espero que tengan la decencia de volver al edificio si se encuentran a Drácula y Angelica practicando lucha grecorromana detrás de unos arbustos.

"Eres la mujer que he buscado por siglos y siglos", le dice Drácula a nuestra encandilada superheroína.

"¿Siglos y siglos?", repite Angelica, confusa.

Podría ser una manera de hablar. No es tan raro y, además, el hombre es evidentemente extranjero. De todos modos, Drácula no se la juega. Utilizando sus poderes hipnóticos, somete a Angelica a su voluntad.

"Tú harás lo que yo te ordene", le dice.

Tengo la esperanza de que algún día haya madurado lo suficiente como para oír ese tipo de frase y no pensar en cosas eróticas. Ese día no es hoy.

Con Angelica a su merced, Drácula ya no tiene por qué contener su vena teatral, así que mira directo a cámara y se parte de risa, enseñando unos colmillos inhumanos. Inmediatamente, un travelling lateral nos muestra a Peter y Bobby espiando a la pareja. Tal y como os lo cuento quizá no tenga ni pizca de gracia, pero el desplazamiento de la cámara parece hecho aposta con efecto cómico para dejar patente lo indiscreto que es el conde. Pero no es así. Aquí lo único chocante es que ni Peter ni Bobby se percatan de nada.

"Allá están, ¡platicando!" es todo lo que se le ocurre decir a Bobby tras presenciar la escena.

Nada que ver aquí. Circulen, por favor. 

Los chicos se acercan a su amiga y, como si aquí no hubiera pasado nada, vuelven a pedirle que baile con ellos. Joder, son más pesados que la Masa en brazos (sí, la Masa, ¿qué pasa?, así la llamábamos hace cuarenta años). Vale que no se hayan pispado de que el tipo de negro con los colmillos afilados que se carcajea mirando a cámara es Drácula, pero ¿cuál es su excusa para interrumpir a una pareja que podría estar a punto de mantener un encuentro sexual espontáneo? Su falta de modales es inexcusable.

Angelica, sin embargo, no les hace ni puñetero caso. Ni siquiera parece verlos cuando se marcha de allí con Drácula y se sube a su limusina.

Pese a que los cristales del automóvil no están tintados, Peter y Bobby no reparan en que el chófer tiene mucho vello en el rostro y toda la pinta de salir de casa con collar antipulgas (es un hombre lobo, por si no os había quedado suficientemente claro). Al menos los chicos sí que oyen a Drácula dar la orden de que los lleve al aeropuerto.

"¡El aeropuerto!", exclama Peter. "Ahora sí que pasa algo raro".

¿En serio? ¿Qué te hace pensar eso? ¿Es tu agudo sentido arácnido otra vez?

Bruno, el chófer, vacunado contra la leishmaniosis. Para nada sospechoso de ser un hombre lobo.

Peter se cambia de ropa entre los arbustos para adoptar su identidad superheroica mientras Bobby utiliza su poder mutante para transformarse en un cubito de hielo andante.

"¡Hombre de Hielo!", exclama con los brazos el alto.

Si no gritáis vuestro propio nombre alzando los brazos cada vez que os cambiáis de ropa, os estáis perdiendo una de las experiencias más maravillosas de la vida. Estúpida, pero maravillosa.

Para quitarle hierro al posible secuestro de Angelica por parte de una red de prostitución europea, los dos amigos echan una carrera hasta el aeropuerto.

"¡El que llegue primero bailará con Angelica!", dice el Hombre de Hielo.

Pero la competición se queda en agua de borrajas. O bien Spider-Man está frito de balancearse como la mona Chita entre edificios, o bien anda corto de fluido arácnido, porque pasa enseguida del reto y se sube al tobogán de hielo que va creando su colega. Para evitar accidentes, incluso se adhiere con una red a su espalda. La prudencia es una virtud.

La seguridad siempre antepuesta a la dignidad y la elegancia, como debe ser.

Sin embargo, cuando llegan al aeropuerto es demasiado tarde: el jet privado de Drácula ya ha despegado. Por suerte para ellos, incluso los malvados condes transilvanos tienen que respetar las normas de la Organización de Aviación Civil Internacional para realizar vuelos transoceánicos, así que Spider-Man trepa a la torre de control para ver si puede averiguar cuál es su destino.

En el libro que el controlador aéreo tiene abierto casualmente por la página adecuada sobre el panel de control, Spidey encuentra la información que busca. Tampoco podemos pedirle muchas complicaciones a una serie en la que cada episodio dura veinte minutos, créditos incluidos.

"¿'Destino: Transilvania'? ", lee el trepamuros, que se ha pegado al exterior de uno de los ventanales de la torre. "Qué raro".

Sí, rarísimo. Tenía toda la pinta de dirigirse a las islas Azores para que le diera el sol.

El controlador aéreo se gira hacia la voz, sobresaltado.

"¿Quién está ahí?".

"Solo el sorprendente Hombre-Araña", le contesta el aludido desde el otro lado del cristal antes de saltar de vuelta a la pista.

"Presiento que la presión me está afectando bastante", dice para sí el controlador.

¡Eh, que no veo dibujos animados para que aleccionen!

Nunca hay un bote de Raid cerca cuando lo necesitas.

Spider-Man informa su compañero de lo que acaba de descubrir.

"No vas a creerlo, amigo: la llevan a Transilvania".

Creo que no hacía falta que lo dijeras, Spidey. Ya lo había dejado yo claro. Pero gracias.

"¿En donde se supone nació Drácula?", pregunta el Hombre de Hielo (leed la frase con entonación neutra si os despista la ausencia de tilde en el "donde" y cobrará más sentido). "Sé que pensarás que estoy loco, pero me acaba de dar un escalofrío".

Un escalofrío, dice. ¡El Hombre de Hielo!

Tras la máscara, Spider-Man, avergonzado, juzga a su aliado en silencio. Si, como decía Nietzsche, la potencia intelectual de un hombre se mide por la dosis de humor que es capaz de utilizar, la de Bobby está operando con la batería de reserva.

-¿Ha sido eso un suspiro de resignación?
-Imaginaciones tuyas, mi gélido amigo.

Mientras tanto, el jet de Drácula vuela a través de una tormenta que podría no ser natural.

"Así nadie nos seguirá", comenta Drácula. "O el que lo haga... morirá".

"Qué astuto es, amo", dice Bruno, el hombre lobo, que no solo es chófer, sino también piloto.

Astuto quizá no sea la palabra apropiada. Si, como parece ser el caso, esta versión de Drácula posee el poder de controlar los elementos y, por lo tanto, puede invocar una tormenta a voluntad, hacerlo mientras su propio avión está en el aire es todo lo opuesto de astuto. Subnormal es una buena palabra, por ejemplo.

A salvo de ojos indiscretos, Drácula no ve necesidad de mantener oculta su identidad más tiempo (lástima, porque se le daba de perlas) y, con una teatralidad innecesaria, que incluye trazar un círculo de fuego en el aire y hacer el mamarracho con la capa, nos revela su verdadera apariencia.

Su aspecto, como veréis en la siguiente imagen, es bastante tradicional y no difiere del que tendría cualquier idiota que hubiese esperado a la víspera de Halloween para comprarse un disfraz del popular vampiro por menos de diez euros. Es justo lo que me esperaba.

-¡Prístina Luna, dame el podeeer!

Por otra parte, me pregunto si este será el Drácula canónico de los cómics de Marvel. En teoría podría serlo, ya que, cuando se emitió este episodio, el Doctor Extraño aún no había exterminado a todos los vampiros de la Tierra (como se vio en Doctor Extraño #62). Y si fuera así, este sería el mismo conde Drácula al que conocimos en la colección La tumba de Drácula, es decir, el mismo rey de los vampiros que, entre otras cosas:

  • ayudó a los Comandos Aulladores de Nick Furia a combatir contra los nazis durante la Segunda Guerra Mundial,
  • se unió a un variopinto grupo de superhéroes para defender la Tierra de los seres sin mente de Dormammu mientras los Vengadores y los Defensores se daban un garbeo por otra dimensión,
  • vampirizó a Howard el Pato tras confundirlo con un enano disfrazado,
  • e intentó convertir a Tormenta en una de sus novias.

Tened eso presente cuando leáis todas las melonadas que faltan por recapitular.

Este Drácula también le daba collejas a Estela Plateada.

Mientras tanto, nuestros intrépidos héroes se las han ingeniado para subirse a un avión rumbo a Transilvania. Pero no viajan como simples pasajeros, sino como los polizontes más imprudentes de la historia de la aviación. Porque cuando digo que se han subido al avión, me refiero a que se han subido, literalmente, al avión, encima del avión.

La velocidad de 1.040 km/h no parece afectarles mucho, pero las temperaturas bajo cero están incomodando a Spider-Man, que hoy no se ha puesto sus mallas de doble capa ni los calzoncillos de esquí.

"¿Por qué tomamos el vuelo de la ruta polar? M-m-me estoy congelando", se queja el arácnido, al que le castañean los dientes.

El Hombre de Hielo, en cambio, se siente como si estuviese en primera clase.

"Esto para mí es sensacional. Me siento como si estuviese en pri...".

No lo digas, Bobby, o paro de escribir, te lo juro.

Silencio tenso.

Spider-Man ve el avión de Drácula volando por debajo del suyo (estas casualidades ocurren) y, sin pensárselo mucho, salta sobre él para comprobar que Angelica está bien. Parece un plan suicida, propio del cine de acción más descerebrado; pero nuestro héroe sabe que el episodio dura solo veinte minutos y no puede esperar a que aterricen.

En los tres segundos que tarda el Hombre-Araña en descender en caída libre hasta la altitud adecuada, el jet negro de Drácula ya está a un kilómetro de distancia, y, después de un largo y terrorífico lapsus, nuestro imprudente héroe se estrella contra el suelo y muere. No en el acto, porque tiene una resistencia sobrehumana. Pero sí poco después, tras haber sufrido el dolor más insoportable de toda su vida.

O eso es lo que pasaría si no estuviéramos viendo unos dibujos animados infantiles en los que las leyes de la física son arbitrarias.

Tras dar un salto armonioso y pegarse al techo del jet como, bueno, una araña, Spider-Man desciende gateando hasta el lateral del aparato y, cual pesadilla a 20.000 pies, se asoma por la ventanilla para llamar la atención de su amiga.

"¡Angelica! ¡Soy yo, el Hombre-Araña!", dice, como si las las mallas rojiazules no fueran lo bastante reveladoras.

Al principio, Angelica tiene cara de haberse tomado un tripi de más...

... y no parece escucharlo, pero, tras unos largos instantes de incertidumbre, la voz de su compañero consigue sacarla momentáneamente de su trance.

"¡El Hombre-Araña!", exclama al reconocerlo.

O su versión turca no licenciada, cualquiera sabe. Lo que está claro es que no es el Spider-Man japonés, porque entonces se habría presentado en un robot gigante.

Pero Drácula no andaba lejos (había ido al baño, supongo) y utiliza sus poderes hipnóticos para frustrar el intento de rescate, convenciendo a Spider-Man de que se suelte del avión.

Afortunadamente para nuestro héroe, el Hombre de Hielo estaba pendiente del desarrollo de los acontecimientos y desciende en uno de sus oportunos toboganes deslizantes para alcanzar a su amigo. Bobby regresa con él en brazos al avión.

"A veces me da gusto encontrarme contigo", dice Spidey.

Da un poco de amor a un arácnido y ganarás un corazón.

... y ambos se deslizaron felizmente hacia el horizonte. Fin.

"Hmmm... Es extraño que una simple estudiante de universidad llame la atención de dos famosos superhéroes", reflexiona el conde.

Me fascina que Drácula especifique que son superhéroes "famosos". ¿Quizá le mosquearía menos si estuvieran intentando rescatarla Pájaro Burlón y Ojo de Halcón? ¿O el Zumbador tal vez?

Para librarse de estos peligrosos rivales, el vampiro recurre una vez más sus poderes mentales y ordena al piloto del avión en el que viajan nuestros héroes que realice un aterrizaje de emergencia. Digo yo que, ya puestos, podría haberle ordenado que estrellase el aparato; pero la lógica está reñida con el contenido infantil.

El temible poder de los Cheerios violetas.

El hombre lobo anuncia que se están aproximando al castillo y advierte, alarmado, que van demasiado rápido y podrían estrellarse. Si os estáis preguntando por qué no reduce la velocidad si él mismo está pilotando el avión, os habéis pasado de listos. ¿Acaso no sabéis que Drácula no admite retrasos? Como cualquier persona normal, después de un largo viaje él también está deseando llegar a casa, ponerse el pijama, prepararse una taza de sangre caliente y meterse en el ataúd. Al menos eso es lo que yo hago.

Utilizando sus poderes demoníacos, el conde transforma el jet en una murciélago mecánico gigante.

¿Qué pasa ahora? ¿No me digáis que tampoco estáis familiarizados con este poder de Drácula? Pues es de lo más común en la literatura clásica sobre el personaje. De hecho, en la primera edición de la novela Drácula, de Bram Stoker, ya se hacía referencia a su capacidad transmutadora sobre los aviones con motor a reacción. Ahora bien, es cierto que, cuando se publicó la segunda edición, Stoker decidió eliminar ese fragmento, ya que se había dado cuenta de que el público no estaba preparado para semejante fantasía por los comentarios que dejaban sus lectores en las redes sociales. Aquí tenéis la cita de la primera edición (estaba escrita en español porque Bram Stoker nació en Calzadilla de los Barros, Badajoz):

Una obra atemporal de la literatura gótica, qué duda cabe.

El temible quiróptero alado desciende a toda velocidad y aterriza sin contratiempos en el patio del castillo.

"Bienvenidos a Transilvania", dice la azafata por el interfono. "La temperatura es de 13º C con probabilidad de tormenta eléctrica. Por favor esperen a que el capitán apague el indicador para desabrocharse el cinturón y levantarse del asiento".

Eso último me lo he inventado para mantener mi propio interés en este episodio. Lo siento.

Los abogados de Batman se van a hinchar a interponer demandas por infracción de derechos.

Por si alguien tiene alguna duda, aclararé que el castillo de Drácula es tal y como os lo estáis imaginando en este momento: de corte palaciego, en perfecto estado de conservación, con altas ventanas de las que sale una luz prístina y un precioso seto circundante, iluminado por un sol espléndido, que muestra una línea uniforme que destaca contra el cielo despejado.

O puede que sea el típico castillo medieval, siniestro y oscuro que hemos visto mil y una veces en cualquier película de vampiros y en otras tantas cintas de terror de ambientación clásica y no tan clásica. El lugar además está construido en lo alto de un risco, desafiando las nubes tormentosas que relampaguean con gran oportunismo dramático a su alrededor. ¡Si será por clichés!

Los repartidores de comida a domicilio las pasan canutas para hacer las entregas.

El conde lleva a Angelica en brazos hasta las puertas del castillo, como haría cualquier feliz pareja de recién casados en Transilvania, y el monstruo de Frankenstein sale a recibirlos.

¡Hala! ¡El monstruo de Frankenstein! ¿Es o no este episodio perfecto como especial de Halloween? Y además no me da tanto trabajo como un librojuego. Todo son ventajas.

"Saluda a la nueva dueña del castillo, la futura madame Drácula", le dice el conde.

"Los extraños son malos, especialmente ella", contesta la criatura.

Toma ya. No sé qué tiene el monstruo contra la muchacha, pero, para una frase que suelta, desde luego se ha despachado a gusto. Debe de ser misoneísta. Sí, misoneísta, no misógino. Una persona que odia las novedades, vamos. 

Drácula le dice que no le ha pedido su opinión y le manda que lleve a su futura esposa a la cámara subterránea. Angelica no se ha cortado con las mediasnoches en la fiesta y al conde se le deben de estar cansando los brazos. Por suerte para ella, es de esas personas que queman todo lo que comen. ¿Lo pilláis? Porque es Estrella de Fuego. Tiene poderes ígneos. Quema calorías.

Noto que mi potencia intelectual está bajando. Quizá debería haber intentado lo del librojuego.

-Chiste... maaalo.

En la cámara subterránea, el monstruo de Frankenstein deja a Angelica en un ataúd con el fondo cubierto de tierra (recordad que los vampiros solo pueden reposar en cajas que contengan tierra de su patria o un unicornio de peluche). La pobre va a acabar con las cervicales como las bisagras de la puerta del castillo.

Drácula ordena a su siervo que los deje solos. Antes de marcharse, la criatura deja nuevamente patente su descontento.

"Sé que nos traerááá... probleeemas".

Lo que nadie podía saber es que la tierra del ataúd sería tan incómoda como para sacar a Angelica de su trance. Nuestra superheroína, como era de esperar, no está muy conforme con haberse despertado dentro de una caja de pino, sobre todo cuando ve al tipo colmilludo y de piel violácea que la observa fijamente desde fuera.

"Soy el conde Drácula", se presenta el vampiro, tomándole la mano. "Y tú serás nada menos que mi adorada y soñada esposa".

"¿Mi marido?", replica Angelica, incrédula, al tiempo que abandona el ataúd. "¡Jamás! No te convengo por esposa, en serio. Te daría calentura".

Y, con un destello flamígero, la hermosa estudiante que encandiló a Drácula se revela como la superheroína Estrella de Fuego.

-¡Eh, tú! Sí, el que está leyendo esto. Mi cara está aquí arriba

Nunca he entendido muy bien cómo funciona el disfraz de Estrella de Fuego. ¿Alguien sería tan amable de explicármelo? Sé que el Hombre de Hielo es capaz de convertir todo su cuerpo en hielo sólido, pero ¿y Angelica? ¿De dónde ha sacado el antifaz y esas mallas superajustadas? ¿Es ropa lo que lleva o está desnuda y genera una capa de fuego para cubrir sus vergüenzas? ¿Y qué ha pasado con el vestido que llevaba puesto? ¿Lo ha incinerado instantáneamente o está en otra dimensión?

Aunque mis preguntas son de gran interés, no parece que Drácula y yo compartamos inquietudes.

"¡Tú eres Estrella de Fuego!", exclama el conde, atónito .

"¡Y tú te quedarás soltero!", contesta ella, arrojándole una rima asonante y, de paso, también una bola de fuego.

Vivir seis siglos y que aún te sorprendan tanto como para poner esta cara de panoli, qué bochorno.

El caso es que Drácula, con sus poderes de ultratumba, es demasiado fuerte para la mutante. En primer lugar, puede transformarse en murciélago para esquivar sus ataques, y, en segundo lugar, una mirada suya basta para dejarla turulata. Eso, unido por supuesto a las carencias presupuestarias de la serie, explica que apenas tarde unos segundos en volver a someterla a su voluntad.

Ahora bien, si pensáis que haber raptado a una superheroína le hará cambiar de planes, estáis muy equivocados. De hecho, la idea le entusiasma.

"¡Esto es magnífico!", exclama. "¡Juntos dominaremos en la oscuridad! ¡Juntos dominaremos el universo! ¡El matrimonio perfecto!".

Se te va la pinza, Drácula, se te va. ¿El universo? ¿De verdad pretendes dominar el universo? O sea, si hablásemos de la Tierra, podría llegar a entenderlo, es cuestión de encontrar a gente con el cuello limpio dispuesta a afiliarse al club vampírico hasta convertir el planeta en el mundo de Soy leyenda. Pero ¿el universo? ¿TODO el universo? ¿Tú lo has pensado bien? ¡Si ni siquiera puedes estar con Estrella de Fuego en la misma habitación cuando ella usa sus poderes sin que te borboteen los globos oculares! El universo, dice. ¡Pregúntale a los skrull y los kree qué opinan de eso!

-¡Soy moderno! ¡Soy eterno! ¡Y lo estoy pasando bien!

Ajenos a estos inquietantes sucesos, Spider-Man y el Hombre de Hielo siguen volando a bordo de su avión, que, después del desvío tomado a sugerencia del conde, parece haber retomado su trayectoria inicial. Para asegurarse, Spider-Man gatea hasta la cabina, donde verifica que, efectivamente, el capitán se ha liberado ya de la sugestión hipnótica de Drácula. Sin embargo, el avión no va a donde ellos necesitan.

Spider-Man echa un vistazo al mapa de vuelo y otro a la brújula, y observa que Transilvania está 40º al oeste, así que le pide a su gélido amigo que mueva el timón de la aleta de cola a ojímetro para corregir el rumbo.

El Hombre de Hielo atiende la orden y además congela el timón para que los pilotos no puedan recuperar el control de la aeronave. Me parece una medida razonable. Si luego se chocan con una montaña o con otro avión, no es problema suyo. Ni siquiera se va a enterar, porque no lee el periódico.

Al rato, Spider-Man se da cuenta de que ya han llegado a su destino (¿quién no reconocería los típicos paisajes transilvanos?) y avisa al Hombre de Hielo.

"Tú baja como puedas y yo usaré mi rampa", contesta el Hombre de Hielo.

Y tal cual termina la frase se larga y deja a su "amigo" solo y a más de diez mil pies de altura, demostrando que tiene más o menos la misma empatía que un polo de yogur de arándano.

-Bobby, desde el respeto te lo digo: eres un grandísimo hijo de p***.

De todos modos, nuestro amigo y vecino Spider-Man siempre ha sido un superhéroe de muchos recursos, así que utiliza sus lanzarredes para construirse un rudimentario paracaídas. A salvo de los efectos más perniciosos de la gravedad, Spidey desciende con un alarido tarzanesco hasta el patio del castillo de Drácula, donde se reúne con su compañero.

El lugar les parece "espantoso", "horrible" y "no precisamente el ideal para una película de amor". Esas son citas literales, por supuesto. Ya me gustaría a mí ser la mitad de gracioso que los guionistas de esta serie sin proponérmelo.

Gracias a su sentido arácnido (o sus "sensores", según el doblaje español neutro), Spidey percibe unas "vibraciones" que proceden del otro lado de una puerta.

"Si no me equivoco, es Angelica", afirma.

Claro que sí. El sentido arácnido ha servido de toda la vida para lo que al guionista le ha salido de los cojones. ¿Seguro que esas vibraciones no son solo gases?

Estos ojos son ideales para leer en la cama por la noche.

Antes de comprobar si la puerta en cuestión está siquiera cerrada, el Hombre de Hielo lanza unas ráfagas de hielo que revientan los goznes y la cerradura. Todo esto tiene una explicación científica, pero yo no voy a molestarme en buscarla. La puerta se desploma hacia dentro y la pareja penetra en el castillo.

"¡Tenía razón! ¡Es Angelica!", exclama Spidey.

En efecto, su amiga está sentada en un trono siniestro, en lo alto de una pequeña escalinata, junto a otro trono idéntico, pero vacío.

"No, es Estrella de Fuego", le corrige el Hombre de Hielo. Guiño, guiño. Codazo, codazo.

Pero ella no los reconoce ni atiende a su nombre. Drácula aparece a su lado, en el trono vacío, y les explica, por si son cortos de entendederas o desconocen los mitos vampíricos más tradicionales, que la mente de Estrella de Fuego está bajo su "control absoluto". En rumano "absoluto" significa que va y viene a conveniencia de la trama, como ya hemos visto.

"¿Y quién diablos es usted?", pregunta el hombre de Hielo.

Recordemos por favor que esta versión de Drácula no podría tener más aspecto de Drácula ni aunque se colgara un letrero del cuello con su nombre.

Aun así, el vampiro se presenta (es Drácula el conde, vaya, vaya, mira por dónde) y les pide que por favor se marchen, porque están muy ocupados planeando una boda. Entiendo que no quiera perder el tiempo con confrontaciones. Aún tienen que encontrar un lugar donde casarse, preparar la lista de invitados, elegir a los padrinos y a las damas de honor, comprar las alianzas, buscar el vestido de novia, contratar al fotógrafo... La única razón por la que no hay más divorcios es porque la gente no quiere volver a pasar por el estrés de casarse. Ni asumir los gastos, claro.

-¿Y si nos casamos en el juzgado y solo invitamos a tus padres, futura esposa mía?

Pero el enfrentamiento es inevitable. Spider-Man no está dispuesto a largarse sin su amiga (el Hombre de Hielo no dice nada, así que a lo mejor se lo está pensando) y Drácula tampoco va a dejar que un par de superhéroes norteamericanos arruinen su magnífica y tradicional boda transilvana. Además, lleva obsesionado con tener una novia pelirroja desde que vio a Joanna Lumley en la película Los ritos satánicos de Drácula, así que no se separará de ella por las buenas.

A una orden del vampiro, Estrella de Fuego ataca a Spider-Man. Ayudado por sus reflejos sobrehumanos, el Hombre-Araña esquiva los ataques flamígeros de su compañera todo lo hábilmente que le permite la rudimentaria animación de la serie. Su agilidad arácnida, por desgracia, no es suficiente para sacarle del apuro, y acaba sepultado por accidente bajo una vieja armadura medieval.

Esta pelea no es tan emocionante como cuando combatió contra el Doctor Octopus en el número 33 de The Amazing Spider-Man y se le cayeron encima varias toneladas de vigas de hierro, y, en consonancia, nuestro héroe tampoco hace aquí el mismo esfuerzo titánico que en aquel cómic para seguir luchando. Concretamente, en este episodio ese esfuerzo es cero.

¡No retrocedas, Spider-Man! ¡El rey Koopa está al otro lado!

Aprovechando que Spider-Man está indefenso, Drácula conmina a Estrella de Fuego a que remate la faena, pero el Hombre de Hielo se espabila y protege a su aliado con un muro de hielo. Spidey le agradece que solo haya tardado cuatro horas en reaccionar mientras él brincaba por toda la sala intentando que no lo incinerasen vivo.

Drácula cambia de estrategia y llama a sus esbirros, el monstruo de Frankenstein y el hombre lobo, para que liquiden a nuestros héroes, a los que casi les brota el páncreas por la oreja del susto.

Aunque los cómics de la Patrulla-X no son mi fuerte, esta no es la primera vez que veo a Spider-Man cruzarse con estas dos criaturas. En los números 36 y 37 de la colección Marvel Team-Up, el trepamuros formó un pintoresco dúo con el monstruo de Frankenstein tras ser secuestrado por Ludwig von Shtupf, el Creador de Monstruos, que los enfrentó al hombre lobo (el hijo de J. Jonah Jameson) como parte de un descabellado plan para crear un ejército de monstruos con los poderes combinados de los tres personajes. Lo que más me gusta de los cómics es que siempre son cabales y realistas.

Volviendo a nuestra historia, el poder congelante del Hombre de Hielo no sirve de nada contra el chófer licántropo (¿por qué?, os preguntáis; porque no, por eso) ni las telarañas de Spidey consiguen frenar al monstruo de Frankenstein, así que los héroes atienden a sus instintos y salen corriendo.

¡Rápido! ¿Qué haría Scooby-Doo en una situación como esta?

Tras perder a sus enemigos de vista, Spider-Man y el Hombre de Hielo acaban en una zona aparentemente abandonada del castillo, más lúgubre si cabe que la anterior.

"Aquí estaremos a salvo", asegura Spidey, que no sabe mantener la boca cerrada.

"Yo no diría eso", responde una voz a sus espaldas con un acento europeo tan tétrico como familiar.

En efecto, Drácula estaba esperándolos. Porque, aparentemente, tiene el don de la ubicuidad. Porque se conoce mejor el castillo. Porque este episodio es una castaña.

El conde ordena a Estrella de Fuego que destruya a los intrusos de una vez por todas, y, como le hace mucha gracia que a los héroes los deje tiesos su propia amiga, se ríe como un maníaco. Acto seguido, se convierte en murciélago y bate sus alas por ahí un rato.

Pasan cosas. Ese es mi resumen del episodio.

¿Todo bien en esa cabeza, señor conde? ¿Está seguro?

Mientras el Hombre de Hielo mantiene distraído a Drácula con sus rayos refrigerantes, Spider-Man se pone a charlar con Estrella de Fuego y apela a sus recuerdos para sacarla del trance.

"Recuerda la universidad, tu querida escuela, a la tía May, a Minkie, a Peter y a Bobby", le dice.

Me fascina que, de todos los recuerdos que Spider-Man trae a colación, decida empezar por la universidad y hacer hincapié en ella. Si yo fuera Angelica y me dieran a elegir entre estudiar en los Estados Unidos y convertirme en una condesa de ultratumba en un país europeo, tengo claro lo que elegiría. ¿Alguien sabe cómo se dice en rumano "Saludos, plebeyos"?

Drácula se da cuenta de lo que pretende el trepamuros, y como sabe que su "control absoluto" solo lo es de boquilla, le prohíbe a su futura esposa que lo escuche.

Le contaré un secreto, señor conde: si quiere evitar que una persona escuche algo, no se lo pida.

Estrella de Fuego se debate entre el recuerdo de sus seres queridos y las imperiosas órdenes de Drácula, pero mucho me temo que la batalla mental es insoportable incluso para una superheroína como ella, tanto que el propio narrador interviene para explicárnoslo:

"Estrella de Fuego es víctima de una batalla mental, la cual no podrá soportar por mucho tiempo".

Muchas gracias por la aclaración, narrador. Me había despistado ver a Estrella de Fuego sumida en una espiral de imágenes cambiantes mientras agita los brazos como loca.

A la chica le da un jamacuco.

-He instalado el monorraíl en Brookway, Ogdenville y North Haverbrook.
-¿Y no puede ser que se doble el raíl?
-A la grande la llamo Mordiscos.
-He instalado el monorraíl en...

Estrella de Fuego, inconsciente, revierte a su estado normal.

"Se convirtió en Angelica", dice el Hombre de Hielo. "Ahora estará indefensa contra Drácula".

Vosotros no lo sabéis, pero Bobby escribió una tesis sobre la influencia y los efectos de la magia transilvana en los superhéroes norteamericanos.

Spider-Man coge a Angelica en brazos y los héroes huyen de nuevo. Los pobres aún no se han dado cuenta de que, como dice Drácula, "nadie logra escapar del castillo de Drácula, ¡MUAAAJEJEJEJEJE!". Y sí, la cita es correcta. Drácula se refiere a su castillo como "el castillo de Drácula". No "mi castillo", "el castillo de Drácula". Es esa clase de persona.

La apresurada fuga conduce a nuestros héroes hasta un laboratorio con un juego de química más completo que el Quimicefa y que, sorprendentemente, tiene menos telarañas que las que acumuló el que me regalaron a mí por mi séptimo cumpleaños. No es que fuera un regalo inapropiado, pero a esa edad yo prefería estudiar la naturaleza de forma menos académica (por ejemplo, comiendo tierra con gusanos).

El hombre lobo y Frankenstein aporrean la puerta para entrar. Spider-Man pide al Hombre de Hielo que los retenga mientras él prepara una poción con la que revivir a Angelica. Aunque eso suena razonable, la verdad es que, antes de ponerme a mezclar componentes al tuntún en el laboratorio de un vampiro, yo quizá probaría en sacudirla un poco. No obstante, apoyo firmemente su falta de criterio por si sale algo divertido de todo esto (spoiler: no sale nada divertido).

Con la idea de ganar tiempo, el Hombre de Hielo lanza una ráfaga de hielo a la cerradura, que es exactamente lo mismo que hizo para ROMPER la cerradura de la puerta por la que entraron al castillo. Supongo que lo último que uno puede esperarse de unos dibujos animados baratos es coherencia. O una animación decente. O que no sea un insulto constante a la inteligencia.

Es difícil pensar con esas mallas ajustadas.

Antes de que Spider-Man consiga ningún resultado, los monstruos destrozan la puerta. El enfrentamiento es breve, poco espectacular y no conduce a ninguna parte; un resumen perfecto de todos los episodios de esta serie y de cualquier producción televisiva de Marvel anterior a los noventa.

Drácula no tarda en aparecer por allí y le da un poco de gracia al asunto.

"Ahora, caballeros, afortunadamente ¡su fin llegó!", anuncia.

Girando la cabeza de gárgola que adorna una de las paredes del laboratorio, el conde abre una trampilla bajo los pies de nuestros héroes.

Rápidamente, Spider-Man presiente el peligro (asumo que gracias a su sentido arácnido, pero esta vez no se le ponen los ojos como faros de coche y tampoco lo especifican, así que ¿quién sabe?) y alerta a su compañero.

"¡Cuidado, amigo!".

Ambos saltan hacia atrás justo a tiempo y evitan caer a un foso lleno hasta la bandera de voraces cocodrilos. Bueno, en realidad, solo son cuatro cocodrilos y además se mueven menos que el tronco inferior de Charles Xavier.

Qué emocionante. Que lo repitan, por favor.

El monstruo de Frankenstein recoge a Angelica del suelo y la levanta por encima de su cabeza para arrojarla al foso.

"¡¿Qué estás haciendo?!", le grita Drácula como si fuera a darle un síncope.

"Los extraños son muy malos", razona el monstruo. "Por lo tanto, voy a acabar con esta mujer".

Su argumentación es impecable.

Imágenes como esta tienen cierta fuerza evocadora. Cierta. Mínima. Minúscula.

Drácula exige al monstruo de Frankenstein que obedezca a su "divino maestro", pero la criatura no está por la labor, porque su deber es DESTRUIR.

Entre tanto, el Hombre de Hielo mantiene a raya al hombre lobo con un incesante chorro de hielo que su rival destroza a puñetazos a medida que lo genera.

Nada tiene ya ni una pizca de sentido.

¡El combate más estúpido del siglo!

Spider-Man aprovecha esta oportunidad para rebuscar en los estantes y encuentra justo lo que necesita. ¿Unas maracas? No. Un frasco de amoníaco.

El trepamuros arroja el frasco a los pies del monstruo de Frankenstein. Al romperse el cristal, los vapores de amonio ascienden y reaniman a Angelica.

"¡Conviértete en Estrella de Fuego!", le dice Spider-Man. "¡Y rápido!".

La chica está desorientada (lógico a la vista del panorama), pero confía en su amigo enmascarado y se transforma en Estrella de Fuego para liberarse del agarre de la poderosa criatura.

Drácula intenta hipnotizarla de nuevo, pero ya solo quedan dos minutos para que el episodio acabe, así que el truco no funciona.

"¿Quién es este anciano disfrazado de Drácula?", pregunta nuestra heroína, con voz burlona y una gerontofobia acusada.

Spider-Man le sugiere que es alguien a quien no le gusta el sol, y Estrella de Fuego, que las pilla al vuelo, deslumbra al vampiro con su increíble poder solar.

Drácula pide clemencia, pero no obtiene ninguna y cae derrotado. Más concretamente, se cae al suelo. La luz lo tumba y se queda ahí tirado como un vulgar felpudo. Esperaba que el vampiro se derritiera de forma no menos grotesca que Christopher Lee al final del Drácula de la Hammer, pero esto tendrá que valerme.

Pechos radiantes, el ataque definitivo.

Con el conde fuera de combate, el monstruo de Frankenstein se desmorona como el robot que es (¿?) y el hombre lobo se convierte en un inofensivo y tartamudo mayordomo. Hasta los cocodrilos gigantes se vuelven pequeñas salamandras.

Podéis buscarle la lógica al episodio en otra parte. Por si no lo habíais notado, yo hace rato que me he rendido.

Drácula recupera el conocimiento, pero ahora su aspecto es el de joven galán, como al principio del episodio. Además, no recuerda quién es ni nada de lo que ha pasado.

Eso significa que la identidad secreta de Estrella de Fuego está a salvo. Qué oportuno.

Sin embargo, la superheroína se lamenta.

"Debería alegrarte que te haya olvidado. ¿Qué te ocurre?", pregunta Spidey.

"Las mujeres queremos ser inolvidables", responde ella.

Este blog no se responsabiliza de las declaraciones de los personajes que aparecen en él.

-¿Qué os esperabais? Solo soy una chica. Ji, ji, ji.

Concluida esta ridícula aventura, nuestros héroes regresan a Nueva York para disfrutar del resto del baile de primavera. Desde Europa del Este. Esa misma noche. Y llegan a tiempo. Supondré que lo hizo un mago. O un hechicero supremo.

En la fiesta, Peter y Bobby ven a Angelica bailando con otro tipo, la cogen cada uno por un brazo y se la llevan de allí. ¿Es que esta chica no aprenderá nunca?

Fin.

Hay que ver lo bien que ha envejecido esta serie. No pasan los años por ella.

22 comentarios

  1. Yo conocí a Spiderman por primera vez gracias a esta serie, luego el primer comic que vi de Spiderman fue en el suplemento pequeño país que ponía los comics de Spiderman fragmentados, normalmente un comic de Spiderman suele tener unas 22 páginas pues en 5 suplementos podias tener un comic entero de Spiderman y las primeras viñetas que vi eran de Mary jane y cuando vi a Mary Jane por primera vez la confundi con Estrella de fuego creyendo que era ella y lo más gracioso es que en la siguiente viñeta aparece Flash andando mientras nevava y pensé que se trataba del hombre de hielo, es lo que tiene la inocencia cuando tienes 4 años y estás aprendiendo a leer en el colegio, fue ya con la serie de Spiderman de los 90 cuando ya conoci mejor el universo de Spiderman.
    El peinado que lleva Dracula es muy parecido al que llevaba el abuelo de la familia Monster, Rob Zombie está preparando una nueva versión de la familia Monster.
    La imagen de Frankenstein sosteniendo a Angelica me ha recordado cuando Quasimodo sostiene a Esmeralda y grita está en sagrado.
    La serie probablemente la emitieron en España a finales de los 80 1988 o 1989 seguramente en la 1. Saludos.

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    1. Recuerdo haber tenido confusiones similares con personajes que comparten parecido físico cuando tenía más o menos esa misma edad. Y también con treinta y siete años.

      En esa referencia que haces a El jorobado de Notre Dame veo un buen chiste con cocodrilos sagrados. Solo necesito trabajarlo un poco.

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  2. Feliz Halloween,sr. Brocha; siempre es un placer leerle. Como gran aficionada a este poderoso blog y al terror gótico en general, no puedo menos que comentar esta entrada.

    Pues sí, muchas melonadas en este episodio, casi tantas como en aquel inolvidable Drácula de la Toei. Por alguna extraña razón, el Monstruo de Frankenstein (pobrecito, qué mala suerte ha tenido casi siempre que ha saltado de las páginas de su novela a otros medios, el currículo del Conde ha sido un poquito mejor, aunque no se puede decir que aquí tampoco se haya lucido) me recuerda más al Schwarzenegger de Terminator que al Monstruo de Frankenstein, y el Sr. Conde, a un cruce del Conde Draco de Barrio Sésamo y el abuelo de la Familia Monster. Lo del avión con forma de murciélago mecánico no es tampoco nada original. Si mi memoria no me traiciona, recuerdo que en un guión no producido de la Universal para el famoso Drácula de 1931, el conde, muy moderno él, no va en barco a Inglaterra, sino en un avión con forma de murciélago cargado de ataúdes...

    Mis recuerdos de este Spiderman, que debió de ser mi primera exposición al personaje y al mundo superheroico en general son muy borrosos. Recuerdo que no me perdía un episodio, pero no recuerdo nada más. Nunca me he atrevido a volver a verla por eso de que la nostalgia es traicionera. Miedo me da...
    Lo de los los ojitos halógenos para leer cómodamente en la cama ¿no lo decían en Las Doce Pruebas de Astérix..?

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    1. No sabía yo eso del guion no producido de la Universal, pero ahora quiero verlo hecho realidad. ¿Los ataúdes los lanzaban con paracaídas sobre Inglaterra o cómo iba eso?

      Y sí, la frase de los ojitos halógenos es de Las doce pruebas de Astérix, una obra maestra de la comedia.

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    2. Pues no sé, pero creo que ese mismo guión (que Universal por lo visto no produjo básicamente porque era demasiado caro de hacer en película) salían hallazgos tales como el Conde jugando a las cartas con viudas ricas...

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  3. Demos gracias a Dios de la gran cantidad de obras ridículas que existen que nos permiten disfrutar de tus reviews.
    Genial, como siempre

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    1. Muchas gracias. Lamento que los primeros en leer la entrada os hayáis comido el borrador más reciente que tenía (con erratas a gogó y algunas partes incompletas). Estuve revisando la entrada ayer por la tarde, pero no se guardaron los cambios. Ahora el texto ya está todo lo arreglado que debería estar, al menos hasta que me dé por leerlo otra vez y le haga más cambios.

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  4. El único recuerdo que guardo de esta serie es cuando en un capítulo encierran a Estrella de Fuego y al Hombre de Hielo en cámaras contiguas y tienen que usar sus poderes para conservar la temperatura sin saber que están perjudicando al otro. El interés por ver quién aguantaba más junto con la idea de ver a los buenos dañándose entre ellos me dejó bastante huella.

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    1. Qué espanto. Eso suena a Spider-Man y sus amigos contra Jigsaw.

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    2. Mi episodio favorito de esta entrañable serie. Aprecian otros superheroes Marvel de invitados. El villano era Camaleón.

      Ah! Y la trama y el título hacen referencia a una obra de Agatha Christie.

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    3. Localizado. Es Siete pequeños superhéroes. No recuerdo haberlo visto en su día. ¿Me atreveré a verlo ahora? Qué intriga.

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    4. ¡Gracias! Ha molado verlo de nuevo después de tantos años :D

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    5. La escena que comentabas me parece la pera, para la serie que es. Los cameos molan.

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  5. Una cosa que me hizo gracia de esta serie es que Bobby y Angélica tenían escenas de transformación muy espectaculares y elegantes mientras que Peter se quitaba la ropa y tenía que esconderla.

    Que recuerdos el Drácula de Marvel cuando molaba, ahora es un tipo vestido de cuero rojo y con el pelo largo y blanco en una cola de caballo.

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    1. No sabía que todavía andaba Drácula por ahí. Parece un personaje de D&D. No sé qué tal serán sus cómics, pero, por aspecto, prefiero el clásico. Tenía clase.

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  6. De verdad, no pasan los años. No recuerdo la primera vez que te leí (hasta tenías otra cabecera xD) pero casi me ahogo de la risa. La edad no perdona y me duele todo de reírme. Bueno, me he perdido en el argumentario, el alzehimer. ¿Me pasas el número de Angelica? Es para un amigo.

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    1. Pues no te lo vas a creer, pero tenía el número de Angelica apuntado en un trozo de papel que llevaba en la cartera (¿quién se fía de las nuevas tecnologías?) y, cuando iba a pagar un funko de contrabando en el callejón que hay detrás del colegio de las Santas Virtudes, el papel salió volando. Corrí tras él, abandonando el callejón y mi funko de Casper fluorescente, y lo seguí con el pulso acelerado hasta la calle, donde fue a caer sobre un pedazo de pan. Supuse que era de un bocadillo que habría dejado tirado alguno de los críos a la salida del colegio. Al acercarme para recoger mi única vía de contacto con Angelica, una paloma gorda descendió desde una azotea, picoteó el pan con ansiedad y se comió el trozo de papel. Corrí pegando gritos, desesperado, y la paloma salió volando. En ese momento me acordé de que llevaba conmigo mi rifle de cerrojo, así que lo descolgué de mi espalda, apunté y disparé. La mala suerte quiso que un helicóptero turístico se cruzase en la trayectoria de la bala, y herí al piloto. No fue más que un rasguño, pero, antes de que el piloto recuperase el control, el aparato viró bruscamente, y sus hélices destrozaron a la paloma. Sobre mí cayó una lluvia de plumas, carne de ave picada, vísceras… y confeti. El confeti era mi trozo de papel con el número de Angelica. Me temo que se lo llevó el viento. Lo siento.

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  7. Me duele decirlo, pero llegue tarde a leerlo y las imágenes se han caído.

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    1. Las imágenes están ahí. Puede que haya sido un problema puntual.

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